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Quinta jornada de Liga, tercer desplazamiento de la temporada y primera visita a la capital de España. Aprovechando la cercanía de Madrid, teniendo en cuenta la proximidad de los Pilares y que los euros no sobran, decidí que era una buena ocasión para realizar uno de esos viajes relámpago en el día a apoyar a nuestro Real Zaragoza.

Sin madrugar mucho, que es malo para la salud, cogí el yellowcar y fui hasta el Actur a recoger a mi única acompañante de viaje: Alicia. Me estremecía cada vez que recordaba el viaje a Getafe del año pasado con esta misma elementa y el mal que me pudo llegar a dar. Con ese miedo y esos sudores fríos la recogí en la puerta de su casa y puse rumbo a Madrid. Desde un principio comenzó el viaje alterada, confirmando mis peores pesadillas, pero poco a poco, quizá por la música, que dicen que amansa a la fieras, se fue serenando.

El viaje trancurría tranquilo, a buen ritmo, aunque con el incordio de las interminables obras de la A-2, que la convertían en una pista de rally más que en una autovía. Una parada a repostar y tomar algo y continuamos viaje hasta Madrid. Pronto llegamos a las inmediaciones del Vicente Calderón y comenzó una nueva odisea: encontrar aparcamiento en lo aledaños. Una misión harto complicada, pero que tras unas cuantas vueltas, logramos completar con éxito a no mucha distancia del campo.

Nos dirigimos a las taquillas, donde habíamos quedado con Fredi, Esther, Jose e Íñigo, un compañero de piso de Esther. Por supuesto, como siempre, pese a estar los que más cerca del estadio, llegaron tarde. Y mientras yo preocupado por el inminente inicio del Gran Premio de Singapur de Fórmula 1 y el hecho de no estar ante un televisor. Por ello, rápidamente pusimos dirección a La Latina, para buscar algún bar dónde ver la salida de la carrera y empezar a tapear un poco, que el estómago ya comenzaba a quejarse. Y, ¿qué mejor lugar para ver el inicio del Gran Premio que una sidrería asturiana?

Tras ver las primeras vueltas, charlar con algunos amables madrileños que se interesaron por nosotros y, por supuesto, echar las primeras cañas y las primeras tapas, apareció nuestro viejo amigo Puaghghghjhjghjhgjhwhjfjh, y nos fuimos a seguir de bar en bar por La Latina. Mientras la mayoría seguían bebiendo en otro establecimiento, Fredi y yo nos salimos a la calle en busca de otro local diferente en el que sí hubiera televisión. Y el más cercano resultó ser un bar flamenco en que a Fredi se le pegaría la que iba a ser la canción del día: Como el agua, de Camarón, aunque el cantaría Como el aire.

Después de recorrer varios bares, nos dirigimos a uno ya conocido en el que podríamos desgustar nuestras idolatradas croquetas de chocolate. Allí comimos en condiciones, vimos el final de la carrera y degustamos el ya mencionado curioso postre. Todo un atracón de comida para tener el estómago lleno de cara a animar a nuestro equipo en condiciones.

A lo que quisimos terminar de comer ya había avanazado la tarde, por lo que no perdimos más tiempo y nos dirigimos en busca de una terraza conocida también de nuestra última visita al Calderón. No obstante, en esta ocasión nos la encontramos cerrada, por lo que hubo que buscar otra alternativa. Y entre cervezas, tintos de verano, refrescos y las aguas de Fredi se empezó a echar encima la hora del partido. Por ello nos dirigimos a los alrededores del estadio para poder echar los últimos tragos casi en la puerta del mismo Vicente Calderón.

Una vez en el interior del campo y ya situados en nuestra grada, el panorama era desolador. El grupo de valientes zaragocistas allí reunidos para animar a nuestro equipo era reducidísimo. Eso sí, entre los pocos que estábamos las ganas de animar y pasarlo bien eran elevadas. Por ello engalanamos la valla con nuestras banderas y pancartas y empezamos a lanzar nuestros primeros cánticos de ánimo a nuestros jugadores.

El partido no hace falta que lo comente, como siempre, ya sabéis como fue. Sólo diré, que pese al esperpento que nos tocó sufrir, las bromas y el buen ambiente entre los allí presentes no faltó en ningún momento. Reíamos por no llorar ante tan deprimente espectáculo. Tras la derrota volvimos a casa, eso sí, teniendo que salvar un buen atasco para salir de Madrid y recorriendo más de 300km de madrugada y tras una nueva jornada como colistas de la Liga. Pero aún con todo, estaremos en San Mamés a mediadios de octubre.

Una vez más el resumen es el mismo: Un gran día en el que sólo consiguió aguarnos la fiesta una nueva derrota de nuestro equipo. Pero pese a ello, preferimos quedarnos con lo bueno y olvidar lo malo, para seguir viajando y seguir pasando esos grandes fines de semana que los Presentes nos montamos. Para concluir y a modo de anécdota, decir que al 99% de posibilidades, este ha sido el último viaje del yellowcar, que pronto pasará a mejor vida. Siempre quedará en el recuerdo de la peña.


Crónica de Dinho

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Iván (6)
Saúl (7)
Fredi (6)
Esther (6)
Jeni (6)